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SIGUES AHÍ?...

...nos rompimos de improviso, hacia adentro, sin hacer demasiado ruido. Sabedores necios, porque sin duda alguna, algo llevaba un tiempo agrietándose hacia afuera, solo un tiempo, solo desde el principio, solo desde que tú no quisieras reconocerlo nunca. Solo desde entonces. Poco importó que hubiéramos sido música, deseo llevado al extremo, llanto o amargura. A nadie le importó nunca, porque solo fue nuestro. Prohibido. Robado anhelo, caricia, duelo, sábanas, mañanas, noches, martes, domingos, aquí, en cualquier lugar, magia, piel y grieta, solo nuestro... Nos rompimos por cobardes. Por niños. Por vivos. Por sueños que nunca fueron más allá de las letras escritas, por mapas que no cruzaron nunca cartografía alguna, y se estancaron en valles, cuevas, oasis y vientos nunca prósperos. Nos quebramos a ratos, mudos y bajo el grito de Esta. Boqueamos como peces faltos de aire, caminamos como perros cegados por la luz y finalmente, fuimos a parar co...

Y CASUALMENTE...

  Casi te reconozco… Tan diferente, tan tuyo, tan hombre, tan humano. Un completo tú conformado de pedazos con el que comparto… Yo. Esa a la que casi reconoces. Tan diferente, tan mujer, tan humana, tan igual. Una completa yo de pedazos que conforman un todo, como el tuyo. Tan idénticos de piel hacia dentro, de estómago hacia afuera, de recuerdos lejanos ante el mismo espejo que nos devuelve la sonrisa que se entristece de ser… tan viejos de vida e ilusiones y tan marchitos de deseos que acostumbran a anidar entre los sexos, o de amores que se cuelgan de los labios para precipitarse a un vacío demasiado casual… Tan idénticos, tan lejanos, tan niños, tan desencantados de “casis” que juegan en las más remotas casualidades, que cuando la noria parece acercarse, volvemos a agarrarnos al desafío de volvernos los mayores exploradores en busca del deseo hecho otro. Tan igual y distante, tan lejano y llagado. Tan daga y corazón, tan niño y monstruo,...

DÉJAME DECIRTE ... ( X )

...el testamento de todo cobarde es la huída. Supongo, o lo mismo es demasiado suponer, que sabes de lo que te hablo. Sabes que la prosopagnosia impide recordar los rostros si estos no se encuentran en el lugar concreto y van acompañados de cuerpos que efectúen siempre el mismo trabajo? Una curiosidad más. Un nuevo apéndice en una de las muchas de las lecciones. Casi al final del apunte, así como el que no quiere la cosa, restándole importancia… Sabes de eso que algunas creemos, que dentro de cada mujer hay dos; una, la que todos conocen y otra, la que desconocemos nosotras mismas, y que ante el peligro salen a defender lo que las mantiene vivas y cuerdas, manteniéndolas en la inmovilidad de la certeza y la lucha? Sabes que trato de enseñarte a la que tú conoces y que no encuentro para mí la otra, esa que desconozco? Que hace semanas que no la encuentro?... Sabes que en ocasiones es la duda, y millones de otras tantas veces es el dolor? A no poder hacerl...

29...

    ...hay tantos domingos en los que me siento una completa inútil por no poder dar con las palabras… Martes, jueves, cables rojos y azules. Los he visto incluso blancos. Esos que guardan la culpa confundida en cobardía para no decidirme a dejarte ir, esos que… cables blancos… solo blancos. Horas que pasan entre café y alguna que otra confesión. Una de esas que tras todo ese cableado nos obligamos a recordar, nunca más. Pisoteado y enterrado bajo todas las sábanas, las noches, las dudas, el dolor, el llanto y alguna que otra grieta, todo este tiempo después…rojo…solo rojo… Jueces que son al mismo tiempo verdugo, inocente, culpable y finalmente tú, o yo… Cigarros que pasan entre recuerdos que una vez desterrados, liberados y escuchados, te llevan a la catarsis, liviana, y de nuevo a la cordura bajo todo ese cableado. A veces imagino que en algún momento, alguna de mis palabras te vacía para llenarte de lo mismo, nunca más... Y no t...

ME DA PENA SABER QUE TODO ACABA...

...a este paso la borrachera de rabia habrá pasado. Es lo que tienen estos días de lluvia. Nada parece funcionar. Ni lo ha hecho el teléfono a lo largo del día, ni la conexión lo hace ahora… Rabia, y no me preguntes por qué, o lo mismo sí. Voy a contarte si me apetece, y ya si eso, luego tú lo haces tuyo, o no. Esa es la libertad que se me permite, la del silencio, déjame usarla. Supongo que ha sido en parte la niebla, demasiadas horas en el coche bajo una lluvia de narices. Esa sensación de correr a todos lados para llegar siempre tarde, y esa música que a peque tanto le gusta, pero que a mí son espadas… Me pregunto si no será mano de la tensión, y vuelve que puede, solo puede. Claro que por preguntarme, podría, y lo mismo llego a la conclusión de que si alguna vez mereces verdugo, en mí recaerá esa gracia. Es lo más justo. Si de justicias hablamos tú olvidaste alguna. Pocas, creo recordar que fueron pocas. Las capitales únicamente… De ahí la rabia...

EL LABERINTO DE LAS GOLONDRINAS ( V )

Anduve envuelto y cobijado de ellos, con sólo el sonido del viento colándose entre sus ramas, moviendo sus copas y levantando del suelo algunas pequeñas hojas. Entre lagartijas y gusanos de tierra llegué a lo que creía la linde de la casa, y algo me llamó la atención. La valla que la conformaba, era en la totalidad de la vuelta de aquella enorme casa, de ciprés, y justo en aquel lugar, otro tipo de arbusto me cerraba el paso. Las hojas que habían caído al suelo, marchitas, eran de color rojizo. Me mantuve allí, a dos metros hasta que decidí caminar a lo largo de aquella alta pared. La vegetación era tan tupida que apenas podía ver a través de ella, por lo que me pareció que podría caminar intentando recorrerla durante horas para confirmar únicamente que allí, habían decidido poner aquello sin más. Oí la puerta de la entrada, y el chirriar de las enormes y oxidadas bisagras me sacaron del letargo vegetativo en el que me encontraba. La idea de que no ...

EL LABERINTO DE LAS GOLONDRINAS... ( IV )

...Los fogones negros con las ollas   en las que se reflejaban las impolutas paredes, se situaban al lado de una ventana de madera, del mismo color que el resto de muebles que salpicaban aquella cocina.   Del techo una gran campana construida de obra, hacía el trabajo de salidero de humos a la vez que le daba un aire más rústico si cabía. Colgaban en los laterales grandes paellas y cazos de cobre que brillaban de la misma manera que las paredes. Parecía todo nuevo. En una de las paredes una gran puerta de hierro negra. Suponía que sería el horno donde cocer el pan, y no me acerqué por miedo a que alguno de aquellos cazos cayera al suelo haciendo el ruido del que mi madre me había advertido momentos antes. Me acerqué a la ventana, pero apenas podía ver el cielo azul.   Acerqué una de las sillas en las que habíamos estado hablando mamá y yo y logré subirme, no sin dificultades, a aquella alta encimera. El azul del cielo empezó a menguar ...